Historia

En Las Figueruelas, como en casi todos los pueblos alistanos, ha habido siempre más gaiteros que dulzaineros. Normalmente la dulzaina llegaba al pueblo cuando alguien contrataba a algún músico de otros municipios limítrofes para tocar en una boda o ceremonia de superior importancia. En general los músicos, a veces improvisados aprendices otras expertos intérpretes, eran siempre entusiastas y estaban muy dispuestos a participar poniendo música a cualquier celebración, baile o fiesta de guardar.


Hasta la mitad del siglo XX era frecuente encontrarse en las fiestas populares alistanas a "multi–instumentistas". Así un mismo músico tocaba la flauta de pico o de tres agujeros en una mano, normalmente la izquierda, de cuyo hombro colgaba el tamboril, que se tocaba con la mano derecha. Así por ejemplo, en Figueruela de Arriba uno de estos peculiares hombres–orquesta alistanos, además de notable gaitero, fue durante la década de los 40 el Ti Bernardino.

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Tamboril
Gaita

Normalmente cada pueblo tenía su músico, que participaba en todas sus joldrias, este era el caso del Ti Bernardino y también del Ti Andrés, apodado El Poyo, en el vecino pueblo de Mahíde. Quizá uno de los más reconocidos por su calidad y disposición fue "El Tío Paris" de Moveros, que hasta los primeros años 60 recorrió la comarca alistana participando en múltiples fiestas (para escuchar una de sus piezas: fonoteca).


Sin embargo, en los años 60 y 70 la música tradicional y el folklore alistano casi llegaron a desaparecer. Con la llegada de los tocadiscos y magnetófonos, la transmisión familiar, el aprendizaje y la práctica con el instrumento se pierden y en consecuencia gaitas y tamboriles se escuchan mucho menos en las festividades. Durante esas décadas en los pueblos el baile de la juventud de los domingos por la tarde tenía lugar gracias a la electricidad, así por ejemplo en la plaza de la iglesia de Figueruela de Arriba permitía funcionar al "magnetofón de Bernardino", atrayendo a muchos jóvenes de pueblos cercanos. También en Figueruela de Abajo el tocadiscos sonaba en la puerta del bar de Cecilio, amenizando improvisados bailes.


Desde los años 90 se vive una cierta recuperación de la música tradicional en Aliste en general y en Figueruela en particular. Una de las claves de este reverdecer de la música tradicional en Aliste puede encontrarse en la creación de las "Aulas de Música de Aliste y Tras os Montes" en el año 1991, uno de cuyos fundadores fue Don Luis, un cura que pasó por Figueruela en los años 80. La escuela tiene su sede en Trabazos e imparte las siguientes especialidades: baile, percusión, gaita, dulzaina, guitarra, flauta, banda y bandurria. Tras cinco años de clases teóricas y prácticas, los estudiantes que completan la especialidad elegida se convierten en folkloristas diplomados. Por esta escuela han pasado varios figueruelenses en los últimos cursos.